
Tres historias que se entrecruzan en
"No es país para viejos", casi sin llegar a tocarse, de tres personas muy diferentes: un viejo sheriff, un don nadie ambicioso y un asesino a sueldo fuera de control.
El sheriff, que interpreta Tommy Lee Jones, está cercano a su jubilación. Ha visto cómo todo ha ido cambiando y añora los tiempos en los que los sheriff rara vez necesitaban ir armados. El incipiente tráfico de drogas a través de la frontera de México, el aumento de la delincuencia y una sociedad que ya no entiende lo superan.
Por otra parte, Llewelyn Moss es un hombre sin mucha suerte que se encuentra con unos cuantos millones de dólares y día que sale de caza. Sabe que el dinero pertenece a hombres que hicieron cosas terribles para conseguirlo y que no dudarán en utilizar hasta el último recurso para encontrarlo. Aún así se arriesga y se lleva el dinero.
Por último está Anton Chigurh (interpretado por Bardem). Anton es el último recurso para encontrar el dinero. Pero Anton tiene sus propios e inquebrantables códigos morales (aunque se trate de una moral retorcida). Acaba fuera del control, pero no grita ni se enfurece, sólo te mira sin reflejar ninguna emoción y deseas no tener la oportunidad de encontrártelo nunca. Sin embargo la locura de Anton es una locura calmada, casi resignada.
Película muy recomendable con un extraño final.